Como podemos observar a lo largo de nuestro camino, la comarca que atravesamos, Tierra de Campos, está formada por pequeños núcleos poblacionales, que no suelen superar los quinientos habitantes. De ahí que Frómista, con sus casi mil vecinos, se considere uno de los puntos importantes de la región.
En esta pequeña villa, la agricultura y la ganadería siguen siendo, como en los pueblos aledaños, la principal fuente de ingresos de sus habitantes. El cultivo de la vid, y de cereales como el trigo, la cebada y la avena, además de las numerosas plantaciones de lenteja pardina, especie con Identificación Geográfica Protegida, ocupan los terrenos que rodean la villa. Esto convierte a Tierra de Campos en la principal área cerealista del país, lo que hace que reciba, coloquialmente, el sobrenombre de ‘El granero de España’.
Pero no sólo de cereales viven los fromisteños. En esta villa existen, además, numerosas explotaciones ovinas, con ovejas churras en su mayoría, dedicadas a la obtención de leche y la elaboración de unos sabrosos quesos, para consumo propio y venta al público. Antaño, en los márgenes del Canal de Castilla, surgió una boyante industria harinera, que aprovechaba el caudal del Canal para moler el cereal, y las sirgas que por él cruzaban constantemente, para su transporte y venta. Con la aparición del ferrocarril, el Canal, que vivió su apogeo entre finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve, cayó en desuso, y con él, las harineras de sus riberas. A día de hoy aún se pueden visitar algunas de las construcciones levantadas por aquel entonces, aunque la mayoría se encuentran en estado ruinoso. Curiosamente, tras más de un siglo de inactividad, el Canal de Castilla se está recuperando para actividades lúdicas y turísticas, como paseos en barcaza o rutas a caballo.
Ligada desde sus orígenes al Camino de Santiago, Frómista sigue cuidando del peregrino en nuestros días, estando, gran parte de su sector servicios y de su desarrollo turístico, orientado a esta actividad.
En esta villa, es de obligada visita la iglesia de San Martín de Frómista. El complejo proceso de recuperación que ha vivido, durante el cual se eliminaron todos los añadidos que se fueron levantando a su alrededor a lo largo de los siglos, para conservar, únicamente, la factura original del templo, han convertido a San Martín en uno uno de los emblemas de la Ruta Jacobea a su paso por estas tierras, y por extensión, del románico español.