16 Mayo, 2011

Conjunto Monumental San Juan de Dios

La denominación “San Juan” identifica varios elementos patrimoniales de esta zona de Murcia que estamos recorriendo. El arco de San Juan, por ejemplo, da nombre al hotel que hoy ocupa el antiguo palacio del Conde de Floridablanca. Si seguimos el camino abierto en la parte baja del edificio, el arco nos lleva a la plaza de San Juan, presidida por la iglesia del mismo nombre, puesta en pie en el siglo XVIII.

No son estas las únicas construcciones identificadas con este término. A apenas 50 metros de este lugar, muy cerca de la puerta de los Apostoles de la Catedral, se ubica el Conjunto Monumental San Juan de Dios, compuesto por tres destacadas muestras del valor histórico y artístico de Murcia: la propia iglesia de San Juan de Dios, la obra del escultor González Moreno en el coro y los restos arqueológicos del Alcázar Mayor, situados en la planta baja. Un patrimonio que puede conocerse en profundidad en alguna de las visitas guiadas gratuitas disponibles a lo largo del día.

Esta edificación religiosa del siglo XVIII es una de las más originales de toda la región. El arquitecto Martín Solera buscó en su diseño seguir las pautas del gran Bernini, así como mantener la funcionalidad y potenciar el efecto sorpresa. A buen seguro que lo consiguió, con este templo con planta de forma ovalada y seis capillas radiales, de iguales dimensiones y comunicadas entre sí, dispuestas de forma simétrica alrededor del eje central.

Plaza Circular

Conocida popularmente como La Redonda, la Plaza Circular es el espacio de estas características de mayores dimensiones en Murcia. Una amplia rotonda, con afluencia de tráfico constante, ya que es uno de los principales nudos de comunicación de la zona norte, donde confluyen vías como La Ronda de Levante o la Avenida Juan Carlos I. Un enclave adornado con cuidados jardines, y numerosos árboles rodean su fuente central.

En ella, los juegos de agua, los bancos y los parques infantiles completan su fisionomía. Los chopos y las palmeras dan la sombra necesaria a los paseantes, al igual que lo hacen con la estatua del rey Alfonso X el Sabio, situada justo en el punto en que la Plaza Circular da pie a la avenida con el nombre del monarca.

La presencia de la antigua estación de Zaraiche es otra de las responsables de la relevancia de esta plaza en el trazado urbano de la capital. Con una línea arquitectónica marcadamente ecléctica y de corte mudéjar, ha abandonado su función original para pasar a acoger la sede la empresa municipal de aguas. Uno más de los múltiples ejemplos de aprovechamiento racional de inmuebles históricos que se dan en la ciudad de Murcia.

Avenida de la Constitución

Si contemplamos el plano de esta ciudad, tal y como nos permite esta aplicación “Murcia en GPS” o la propia Google Maps, podemos apreciar qué objetivo buscaba la apertura de las grandes avenidas. El gran número de barrios, con calles más estrechas y organizados en torno a algún espacio de reunión, hacía preciso contar con vías que permitieran conectar esas diferentes zonas.

La Avenida de la Constitución, convertida casi en una prolongación de la Gran Vía Escultor Salzillo, une las plazas de la Fuensanta y la Circular, manteniendo las características de las principales calles de la ciudad. Es decir, amplio trazado, aceras de buen tamaño, tráfico mayoritariamente en un solo sentido y abundante actividad comercial y de pequeñas empresas. Un nervio que une el Barrio del Carmen, desarrollado alrededor de la Estación de Tren, con el centro de la ciudad, que comienza con los barriadas de San Esteban y San Agustín, para seguir, en dirección oeste, hacia el casco histórico.

Unas vías que permiten a los coches cruzar Murcia sin perturbar los espacios más sosegados de la ciudad, esas plazas y jardines convertidas en lugar predilecto para el encuentro y el ocio.

Museo de la Ciudad

El Museo de la Ciudad, ubicado en la antigua casa de los López-Ferrer, tiene como razón de existencia la divulgación y difusión del patrimonio cultural de esta ciudad. Con entrada gratuita, ofrece un trazado cronológico con el que entender lo que es Murcia hoy en día.

Situado en un entorno de un gran valor patrimonial y cultural, frente al Convento de las Agustinas y en las cercanías del Museo Salzillo, entre otros, da a conocer las principales señas de identidad de la ciudad y el municipio. Con un contenido organizado cronológicamente, nos permite hacer un recorrido por la historia, la artesanía o la etnografía murcianas, a través de un gran número de objetos originales o reproducciones realizadas expresamente para su exposición en este edificio.

La combinación de las tres salas principales con el resto de espacios que ofrecen exposiciones temporales, permite a los visitantes conocer los orígenes, la identidad y el patrimonio de Murcia. Una muestra en la que abundan las piezas que destacan, más que por su valor artístico, por lo representativos que son de esta sociedad. Acompañándolos de paneles explicativos, maquetas y vídeos, el Museo de la Ciudad consigue mostrar, de forma clara y amena, las entrañas de esta tierra.

Convento de las Agustinas

Avanzando en dirección norte, rumbo a los jardines del Salitre y de la Seda, nos encontramos con toda una manzana dominada por una sola construcción: el Convento de las Agustinas. Este complejo es el mayor de estas características de toda la región de Murcia, sólo comparable al Monasterio de los Jerónimos. El edificio muestra la composición y los materiales habituales de las construcciones tradicionales murcianas de los siglos XVII Y XVIII.

Organizado en torno a tres patios, sus elementos principales son el convento, la iglesia y el huerto monacal. Toda la obra refleja la austeridad y la pobreza de esta orden, que se instaló en este lugar en el año 1729. La edificación alcanza sus cotas más destacadas de belleza en la iglesia conventual, cuya fachada principal da a la pequeña plaza de las Agustinas, frente al Museo de la Ciudad.

El templo mantiene sus líneas originales barrocas, conjugando la austeridad y sencillez de la traza exterior, con la riqueza de colores en el interior. Fue levantada sobre una planta de cruz latina, con una nave dividida en tres tramos y capillas laterales. Sus dos fachadas, la principal, de dos cuerpos y tres calles, y la lateral son de ladrillo visto. En el interior, llama poderosamente la atención el amplio crucero, cubierto por una cúpula sobre tambor, y las hermosas imágenes de San Agustín y Santa Cecilia.

Museo Salzillo

Asegurar que el escultor Salzillo es el artista y creador más importante que haya dado jamás Murcia, es una afirmación que comparten todos los habitantes de esta tierra. Por eso, cuando se inauguró el museo dedicado a esta figura de prestigio nacional e internacional, en 1960, se colmó una vieja aspiración de los murcianos. Un clamor popular que hizo posible que la exposición de sus obras fuera acogida en la iglesia barroca de Jesús, en esta plaza de San Agustín.

Actualmente, el Museo Salzillo está compuesto por dos espacios muy distintos, pero que se han armonizado con gran acierto. Anexo al templo nazareno se levantó un espacio de factura contemporánea en el que prima la sencillez y la luminosidad. De ese modo, todo el lugar se armoniza siguiendo la línea del propio escultor en sus creaciones, donde prima una marcada teatralidad. Un recorrido de emociones en el que cada paso nos acerca más y más al alma del artista.

La producción de Salzillo alcanzó su apoteosis con la creación de los pasos para la procesión de la mañana del Viernes Santo de la Cofradía de Jesús Nazareno, propietaria de la iglesia que alberga el museo. Ocho piezas para formar una obra cumbre, de una talla exquisita, que sobrecogen por su realismo y sentimiento, convirtiendo la escultura en pura emoción.

Antiguo Hospicio

No son habituales los casos en los que una construcción civil conserva con el paso de los siglos la función para la que fue construida. Sin embargo, el Hospicio o Inclusa de Santa Florentina, este amplio edificio de línea horizontal levantado en esta calle de Santa Teresa, unos metros después de la Casa Díaz Cassou, sí ha mantenido su razón de ser original. Surgido por mandato de Felipe V, fue el Cardenal Belluga quien se hizo responsable de la ejecución de la obra, en el siglo XVIII.

Una institución nacida para ofrecer cobijo y sustento a niños huérfanos, o expósitos, como se les denominaba entonces. Primero las monjas de la Orden de las Hijas de San Vicente Paul, y actualmente los Servicios Sociales son los responsables del cuidado de los menores. Una labor fundamental para que tengan las mismas oportunidades que quienes no han sido víctimas de tal drama.

El Hospicio de Santa Florentina, además de por su valiosa función, destaca también como representante de la arquitectura civil barroca más sobria de Murcia. Con predominio de los muros de ladrillo visto, la construcción se engalana con piedra en zócalos y esquinas. Las tres portadas de esta misma fachada destacan por sus amplios arcos de medio punto y los frontones partidos, estando coronadas, las de los extremos, con hornacinas con las esculturas de San Florentina y San José.

El Meteorito

Durante la madrugada de la nochebuena de 1858, los murcianos no vieron a Papá Noel surcando el cielo en su trineo. Lo que les hizo saltar de sus camas fue una bola de fuego, tan brillante que llegó a oscurecer la luz de la luna. Su paso por encima de la ciudad, cerca de la torre de la catedral, iluminó calles y campos hasta su impacto contra el suelo, en Molina de Segura. Al estruendo le siguió un temblor de tierra que hizo pensar a todos que había llegado el día del juicio final.

A la mañana siguiente, salieron en busca de aquel objeto capaz de estremecerles, pero no lo encontraron hasta varios días después. Lo que hallaron fue un meteorito enorme, el más grande caido en España, con 144 kilos de peso. Un aerolito que se envió a los museos del reino para su análisis y estudio. Desde entonces, forma parte de la colección permanente del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

El meteorito procedía de la solidificación del polvo y gas de la nebulosa solar primigenia, la que dio origen al sistema solar y al planeta Tierra. Una roca con más de 4.000 millones de años de antigüedad, que había iniciado su viaje en las capas más externas de los asteroides de Marte y Júpiter. Un largo recorrido que nos viene a recordar la brevedad de la vida humana en la inmensa historia del universo.

Pintores murcianos

En su poema, “Desde Murcia al cielo”, aseguraba el gran poeta José Zorrilla que había otra gloria en esta tierra, que hacía olvidar las horas y la misión al poeta, porque el verde lo cubría todo. Esa intensidad de los colores, la luz que lo baña todo, es una de las grandes características de esta región. Una cualidad que ha inspirado a cientos de pintores nacidos en esta provincia, expertos en jugar con esos tonos y matices tan singulares.

Unos artistas que descubrieron su talento en Murcia, pero que llevaron sus lienzos y acuarelas por todo el mundo, como el viajero Luis Pérez Espinosa o Pedro Flores, miembro de la Escuela Española de París, junto a ilustres como Picasso o Ginés Parra. Otros hicieron su recorrido creador a lo largo de diferentes estilos, en vez de por diversos territorios, como Antonio Hernández Carpe, genial tanto en su época cubista como en la creación de murales.

La pintura murciana vive un gran momento en nuestros días. No hay mejor prueba de ello que el reconocimiento y la relevancia adquiridos por Muñoz Barberán, imprescindible para entender el movimiento. También muy celebradas son las obras de Pedro Cano, con una gran aceptación entre el publico, así como las de Saura Mira, José Mª Parraga, Juan Bonafé, Manuel Avellaneda, José Mª Falgas o Zacarías Cerezo. Una lista tan amplia como profunda es su huella a lo largo de toda la provincia.

El Cardenal Belluga

El hecho de tener dedicada a su nombre la plaza que acoge la Catedral y el Palacio Episcopal, da buena muestra de la importancia del Cardenal Belluga en la historia de Murcia. Un personaje clave para entender muchos de los episodios que convirtieron a la ciudad en lo que es hoy en día. Alguien que, supo conjugar el poder eclesiástico y el político.

Nacido en Granada, en 1662, Luis Antonio de Belluga y Moncada fue uno de los grandes religiosos y estadistas de España. A partir de su consagración como obispo de la diócesis de Cartagena-Murcia, jugó un papel decisivo en la Guerra de Sucesión. Desde su puesto de Virrey y Capitán General de Valencia y Murcia organizó la defensa de esta ciudad, partidaria de los Borbones. Unos días heroicos de los que ha quedado en el recuerdo la célebre Batalla del Huerto de las Bombas.

Después de esa victoria, el Cardenal Belluga inició el periodo de las Obras Pías, con las que dotó al obispado de un importante estímulo económico, y creó una red de asistencia a los más necesitados. Con una gran influencia en la corte, fue, finalmente, nombrado Cardenal y “Protector de España ante la Santa Sede”. A pesar de morir en Roma y ser enterrado allí, jamás rompió su vínculo con Murcia.

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