El primer documento que se conserva de este pueblo sale de las manos de Alfonso séptimo. En él el soberano entrega la villa a la orden de San Juan. Este monarca, que llegó a autoproclamarse El Emperador, consiguió unir bajo su reinado a Galicia, León y Castilla.
El padre de Alfonso séptimo, Raimundo de Borgoña, fallece cuando él era sólo un infante. Su madre, Doña Urraca, se convertiría entonces en la más directa heredera de Alfonso sexto, que moriría dos años después, en mil ciento nueve. Muerto su marido, Urraca se casa con Alfonso primero El Batallador, rey de Aragón, para acceder a los tronos de León y de Castilla. Desde entonces, se suceden los opositores al matrimonio, entre los que destaca el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, que apoya la sucesión del infante Alfonso, hijo del primer matrimonio de Doña Urraca, como rey legítimo de León y Castilla. Por otra parte, los nobles gallegos, encabezados por Pedro Fróilaz, el Conde de Traba, se declaraban a favor de la independencia del Reino de Galicia con el infante Alfonso en su trono.
Así, con el apoyo de su madre, enfrentada casi desde un comienzo a su marido, Alfonso primero el Batallador, el infante fue coronado rey de Galicia. Esto hizo que su padrastro entrase en guerra contra sus partidarios gallegos, derrotándolos con la ayuda del conde de Portugal.
Tras la muerte de su madre, Doña Urraca, Alfonso séptimo es coronado rey de León. De inmediato reclama también el Reino de Castilla, bien protegido por las guarniciones militares de su padrastro. La cercana Carrión de Los Condes, final de nuestra etapa, era una de esas poblaciones del dominio de Alfonso primero el Batallador. Sin embargo su población acabará por decantarse a favor de Alfonso séptimo, y a él le entregarán las plazas en mil ciento veintisiete.
La batalla no llega a producirse y se firman las Paces de Támara, un pacto en el que se reconocen las antiguas fronteras de Castilla y Aragón. Pero la calma no dura para Alfonso séptimo, que ha de dirigirse al condado Portucalense por otra cuestión importante. Su abuelo Alfonso sexto había dividido su herencia entre el condado de Galicia, para su madre Doña Urraca, y el condado Portucalense, entre el Miño y el Duero, para su tía Teresa. Esta última no reconoce la soberanía de Alfonso séptimo, por lo que éste arrasará el condado. Sus aspiraciones territoriales lo llevarán a anexionarse La Rioja y Zaragoza, así como grandes territorios del sur de Francia. Los reinos de León y Castilla, sin embargo, volverán a dividirse tras su muerte, al repartir su herencia entre dos hijos varones fruto de su matrimonio con Berenguela de Barcelona.

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