Aquí, en el Alto del Portillo, podemos divisar con claridad todo lo que ya hemos dejado atrás y lo que está por venir.
En el horizonte, León, la antesala de un Camino diferente. Rodeado por los ríos Torío y Bernesga, que confluyen en el llano leonés, indicará un notable cambio de paisaje. Ambos cauces son sinónimo de vida para la ciudad de León. El Torío, el más pequeño de los dos y de aguas cristalinas, está considerado un paraíso para la trucha común y sus pescadores, muy abundantes en esta zona. Por contra, el río Bernesga, de curso más tranquilo, domesticado a su paso por la ciudad, proporciona zonas verdes y de esparcimiento a todos los leoneses.
Atrás quedará el árido páramo leonés, dando paso a las montañas que aparecen en el horizonte, no en vano caminamos hacia el Norte, donde nos encontraremos con la Cordillera Cantábrica.
Además, el clima de esta zona no pondrá las cosas fáciles. La lluvia, presente durante muchos meses del año; o el extremo calor de más de treinta grados durante los meses de verano, no serán buenos compañeros de viaje para afrontar las duras etapas que nos esperan.

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