Reemprendemos la marcha y nuestros pasos avanzan ahora hacia Frómista. Guiados por un sendero de tierra, al abandonar Boadilla del Camino, nos encontramos ante un nuevo compañero de viaje. Será el encargado de acompañarnos hasta nuestro destino, es el Canal de Castilla
Esta gran obra de ingeniería del siglo dieciocho, encargada por el Marqués de la Ensenada, y que corre paralela a la ruta Jacobea, marcará la dirección hacia Frómista y permanecerá a nuestro lado a lo largo de unos cuatro kilómetros.
Tras pasar un pequeño puente salvando el cauce del Canal, habremos llegado a esta pequeña localidad sin mayores dificultades. Habrá sido un tranquilo paseo de poco más de cinco kilómetros. Una vez alcanzado el pueblo, este recibe al peregrino con los brazos abiertos.
Fue en estas tierras donde nació el personaje más ilustre de la villa, Pedro González Telmo, más conocido como San Telmo, y fue en ella donde empezó a ejercer como deán.
También resultará interesante saber, que este lugar esconde uno de los ejemplos más representativos del románico español, la iglesia de San Martín de Frómista, que se antoja como una visita de obligado cumplimiento, para todos aquellos que gusten del arte.
Y no es la única, la iglesia de Santa María, la iglesia de San Pedro o la Ermita del Otero, están esperando a que todo aquel que pasee por entre sus calles, pueda descubrirlas y disfrutar de ellas.
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