Al abandonar Burgos por la Puerta de San Martín, la ciudad nos muestra su enorme atractivo. Nada que ver, por suerte, con la tediosa llegada a través de polígonos industriales. Un poco más adelante, tras cruzar el Puente de los Malatos, la inmensidad de Castilla nos espera en el Camino. En este punto nos encontramos en una fase de transformación del entorno. Dejamos atrás las montañas, que han marcado el Camino de Santiago desde los Pirineos, para adentrarnos en la meseta castellana.
El paisaje cambia aquí radicalmente. De montes y cerros, pasa a dibujar páramos de llanura hasta donde alcanza la vista. El peregrino pasa así a formar parte de la postal más típica de la España interior: amplios campos con cultivos de cereal, salpicados de algunos árboles solitarios bajo amplios cielos. Ese es el rostro que nos ofrece esta Meseta Norte que domina la mayor parte de la provincia de Burgos.
El trayecto hasta Villalbilla, será nuestra toma de contacto con la Meseta Central, sobre la que se asienta toda la comunidad de Castilla y León. Un trayecto envuelto en una climatología aun mediterránea, pero con un marcado acento continental. Esto se traduce en inviernos largos y fríos y veranos cortos y cálidos.
El pueblo de Villalbilla está a poco más de tres kilómetros de Burgo. Sin embargo, los primeros pasos sobre el camino ya nos piden que estemos atentos a lo que este tiene que ofrecernos. El Monasterio de las Huelgas es su primer regalo.

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