Para tomar la ruta por el Real Camino Francés, basta con continuar por la vía principal. El trayecto arduo, monótono, difícil, está salpicado de unos pocos árboles destinados a dar algo de sombra al que camina bajo el sol implacable. Hay que enfrentarse a este trecho con verdadero tesón. Y es que, el significado del Camino como penitencia cobra aquí su mayor sentido. Este terrible paso hasta Mansilla de las Mulas, constituye, sin embargo, todo un rito iniciático para el peregrino. No obstante, la Junta de Castilla y León, consciente de la dificultad, ha habilitado zonas de descanso.
Si estamos de suerte y se produce el encuentro, puede resultar agradable el contacto con los pastores que todavía dirigen sus reses por las zonas en las que nuestros pasos se superponen a la antigua Cañada Real.
El siguiente pueblo en nuestro recorrido es Bercianos del Real Camino, lo cruzaremos por su Calle Mayor. Sin embargo, antes de llegar nos encontraremos una ermita. Allí podremos saludar a la patrona del pueblo, la Virgen de Perales, más conocida como La Perala, muy querida por estas latitudes.

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