A ochocientos veintidós metros de altitud, y a trescientos setenta y ocho kilómetros de Santiago, topamos con Calzada del Coto. Su nombre, Coto, se debe al usufructo de estas tierras por los monjes de San Facundo, que poseían aquí una dehesa de encinas para los cerdos de su propiedad. La villa quedó incluida en las tierras que el rey Alfonso Tercero donó al abad Alonso del monasterio de Sahagún. La suerte de Calzada quedaría ligada al devenir monacal hasta la desamortización.
Cuenta con doscientos sesenta y cinco habitantes. En su iglesia parroquial, dedicada a San Esteban, llama la atención su alta torre, compuesta por tres cuerpos surcados por diversos vanos. Su aspecto macizo se contrarresta con molduras de gran resalto y su crucero permanece visible.
La Calle Real sorprende por su gran anchura, y es que por ella habían de pasar las ovejas merinas en trashumancia, durante los siglos en los que esta localidad formaba parte de una importante vía pecuaria. Actualmente, la agricultura constituye la principal actividad.
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