Tan sólo seis kilómetros separan Calzadilla de la Cueza de Ledigos, nuestra próxima parada. Emprendemos el viaje a través de un valle cerrado por lomas de robles, por el que discurre el río Cueza. Enseguida podremos ver los restos del monasterio de Santa María de las Tiendas que disfrutó de gran fama entre los peregrinos por su hospitalidad. Su aspecto exterior nos recuerda al hospital que fue en otros tiempos.
En breve, llegaremos a Ledigos, donde tendremos ocasión de contemplar los tradicionales palomares que abundan en esta Tierra de Campos. Construidos en adobe, adquieren formas circulares o cuadrangulares, y cuentan con tragaluces pegados a los aleros para facilitar la entrada y salida de las aves. Si nos detenemos unos minutos, y accedemos a su interior, podremos comprobar que los empleaban para criar palomas, y poder comercializar después los pichones. Un rico manjar que podremos degustar en toda la comarca.
Otro de sus usos era la producción de la llamada “palomina”, que no es más que el excremento de la paloma, recogido para utilizar como fertilizante y abono en los campos.
Es casi obligatorio, al pasar por Lédigos, interrumpir nuestro viaje para observar su iglesia parroquial. Dedicada al Apóstol Santiago y reformada en el siglo diecisiete, se encuentra en un altozano desde donde se puede divisar el siguiente pueblo en el Camino, Terradillo de los Templarios.
El templo, que pasó a ser propiedad de la diócesis de Santiago de Compostela en el siglo trece, atesora en su interior tres imágenes diferentes de Santiago: matamoros, peregrino y apóstol.
Construido en ladrillo, presenta una nave cubierta con bóveda de arista y dos capillas. Destacan en él sus retablos. Dos neoclásicos, ubicados en el lado del Evangelio; otro rococó, que se encuentra en el retablo mayor del presbiterio, y un cuarto, de estilo barroco, en la Epístola.
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