La ciudad de León tiene la fortuna de disfrutar de una de las pocas obras que el genio catalán, Antoni Gaudí, realizó lejos de Cataluña. Nos referimos al Palacio Botines, un fantástico edificio modernista realizado entre los años mil ochocientos noventa y uno y mil ochocientos noventa y cuatro.
La historia de este palacio se remonta unas décadas antes, cuando el comerciante catalán Joan Homs y Botinàs, se estableció en la ciudad de León regentando un próspero negocio.
Será tiempo después, cuando dos de sus antiguos empleados, Fernández y Andrés, que habían decidido emprender nuevos negocios, alcancen tal notoriedad en sus actividades comerciales que, ante la necesidad de construir un nuevo edificio, uno de sus clientes, Eusebi Güell, les recomiende a Antoni Gaudi para que se encargue de su construcción.
El lugar elegido fue la Plaza de San Marcelo, decisión que no estuvo exenta de polémica. El propio Ayuntamiento, consideraba que este edificio era impropio para este lugar, puesto que habría de competir con el Palacio de los Guzmanes, asegurando que la disparidad de estilos de ambas obras impedían que pudiesen convivir.
Finalmente pudo construirse tal y como había sido proyectado. Su aspecto exterior desprende gran solidez en cada una de sus cuatro fachadas, flanqueadas en sus esquinas por esbeltas torres cónicas, rematadas en agujas hechas en pizarra. Todo el conjunto esta rodeado por un foso, dejando como único acceso la puerta de la fachada principal. Su estilo recuerda al gótico y la multitud de ventanas con pequeños arquillos contribuyen a que el edificio, a pesar de su rotundidad, mantenga un gran dinamismo visual.
La única decoración figurada del edificio, realizada por Llorenç Matamala, la encontramos sobre la puerta de entrada, donde se representa a San Jorge y el Dragón. A mediados del siglo veinte, intentaron, mientras se llevaban a cabo unas obras de restauración en este lugar, sustituir la estatua por una Virgen. Cuando trataron de hacerlo, tras la imagen encontraron un tubo en el que se guardaba información relacionada con el edificio: varios planos y también el documento de propiedad del lugar donde se encuentra.
En lo que al interior se refiere, una vez más, Gaudí sorprendió a todos con un llamativo planteamiento. Dispuso una planta libre, sustentada por pilares que conseguían un espacio diáfano, que recuerda a construcciones de arquitectos racionalistas como Mies van der Rohe o Le Corbusier.

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