A lo largo de nuestro recorrido por Terradillos de los Templarios podremos contemplar de cerca las llamadas “casas campesinas”, tan comunes y características de la Tierra de Campos. Los materiales elegidos para su construcción, adobe y teja, las lleva a mimetizarse perfectamente con el árido entorno castellano.
Su estructura se organiza, fundamentalmente, en torno a dos espacios: la vivienda y la zona para los animales. La parte habitable de estas peculiares casas de labranza suele constar de dos plantas. Una primera, que posee un amplio vestíbulo que comunica la calle con el corral. Además, permite el acceso al resto de dependencias como son la cocina, los dormitorios o el comedor. Esta planta se comunica con el segundo piso mediante una escalera. Éste, está destinado a guardar el grano pero, excepcionalmente, puede contener dormitorios de segundo orden.
Si nos adentramos en la cocina, podremos observar las características “glorias” de Campos. Una derivación de los hipocaustos romanos, que eran hornos que se situaban debajo del suelo para caldear las habitaciones.
Actualmente, las glorias son como una especie de galería subterránea, que recorre una o más estancias de la casa, con una boca para introducir la leña o la paja, y una chimenea al otro lado. Sin embargo, hay que señalar que las glorias tradicionales de Campos reciben el nombre de “trébede”, que no es otra cosa que, un banco rectangular hueco con una hornilla en el centro para cocinar. Por otra parte, el área destinada a la labranza y a los animales se organiza alrededor del corral, casi siempre empedrado. Se puede acceder a él tanto desde la vivienda, como desde la calle, gracias a unas grandes puertas a las que se les llama portonas o puertas de atrás.
En torno al corral se articulan las cuadras y, a su lado, los pajares, que sólo abren en tiempo de recogida. El resto del año están cerrados, o por una puerta de madera, o por adobe seco.
Es recomendable prestar atención a las puertas antiguas, pues en ellas, se pueden contemplar ejemplos del trabajo artesano de los maestros herreros. Algunas piezas son verdaderas joyas, como los tiradores o las embocaduras de las llaves. La conocida como “Casa La Paula” nos permitirá hacer un recorrido por estas peculiares construcciones.
Tampoco podemos dejar de visitar en Terradillos la iglesia de San Pedro, de ladrillo y de una sóla nave. Conserva en su interior un Cristo gótico del siglo dieciséis; un retablo mayor del siglo diecisiete y un crucifijo del siglo catorce. En su día, Terradillos contó también con otra iglesia, la de San Esteban, de la que hoy no quedan restos.
No hay que olvidarse, en este recorrido monumental, de la casa-convento de la Orden del Temple, que hubo en la villa. Dio nombre al riachuelo, hoy conocido como Arroyo de los Templarios, en cuyo margen estuvo ubicada. Actualmente, tan sólo queda su recuerdo a través de unas pocas piedras en estado ruinoso. Su existencia se remonta al siglo doce, y era conocida como un hostal de peregrinos de nombre San Juan.
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