La Península Ibérica ha sido, históricamente, territorio de paso y destino, para multitud de pueblos y culturas. Celtas, romanos, godos, árabes, cristianos, franceses, ingleses o latinos, todos han encontrado en la Península un lugar en el que asentarse, que defender o por el que luchar. Todos esos pueblos han dejado numerosas huellas en nuestra cultura, idioma, ciencia y arquitectura.
Las ruinas del Castillo de Castrojeriz son un vivo ejemplo de ese conglomerado de gentes de diferentes orígenes que han encontrado en estas tierras su hogar. Edificado cerca de asentamientos celtíberos, su construcción inicial fue romana, de la que queda la torre cuadrangular casi oculta. Los visigodos llevaron a cabo su ampliación en mampostería, pero la invasión árabe lo redujo casi a escombros. Los propios musulmanes lo reconstruyeron, pero los duros años de la Reconquista, lo convirtieron en escenario de múltiples batallas y derramamientos de sangre. Reconstruido nuevamente por los cristianos en sucesivas ampliaciones, para adaptarlo a lo irregular del terreno, se mantuvo casi intacto hasta el mil setecientos cincuenta y cinco. En ese año, el violento terremoto que asoló Lisboa causó grandes destrozos en el castillo y en la propia villa.
Hoy en día se mantienen sólo sus ruinas, aunque restauradas y consolidadas, nos permiten conocer detalles de su personalidad.
El patio de armas es la parte más irregular del castillo. Se encuentra construido por debajo del nivel de la fortaleza, debido a que los muros se asientan sobre la roca directamente. El ingreso se realizaba por el lienzo sur, actualmente semiarruinado. El extremo norte ha desaparecido por completo. El cuerpo más importante de la fortaleza se halla desplazado al oeste y se compone de tres partes. De las cubiertas, sólo se puede observar el arranque de las bóvedas. La parte central debió de ser la torre del homenaje. En la esquina de la parte oeste conserva un gran cubo como complemento defensivo. El muro que cierra estos tres cuerpos tiene un grosor de casi tres metros para fortalecer el conjunto. Los materiales utilizados son de muy diversas calidades, formas y tamaños, perfecto reflejo del collage de influencias que han marcado su existencia.
El castillo de Castrojeriz fue un elemento de vital importancia durante las luchas civiles entre Alfonso I El Batallador y doña Urraca. Después pasó a manos de los Lara y los Castro, que utilizaron la fortaleza como su centro de influencia y control político. Sus muros, tantas veces fuente de protección, sirvieron también para mantener encarcelada a Leonor de Castilla, reina de Aragón, que terminaría siendo asesinada por su sobrino, Pedro I de Castilla. Finalmente, tras cambiar de manos en diversas ocasiones, terminaría como propiedad de los condes de Castrojeriz.

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