Continuamos nuestro andar hacia Rabanal del Camino. Una población elegida por los peregrinos, en otros tiempos, para agruparse antes de atravesar las cumbres del peligroso Monte Irago, donde se guarecían los bandidos.
Tendremos que caminar casi siete kilómetros por una estrecha carretera, en la que no suele circular mucho tráfico.
Podemos aprovechar y recrearnos en el paisaje que nos ofrece el Camino, un manto cubierto de encinas y robles, así como de abundante vegetación de ribera. Destaca, justo después de cruzar un pinar, un roble centenario, hoy conocido con el nombre de Roble del Peregrino, pues durante siglos ha servido como lugar de sombra y descanso. Próximo a él, podemos contemplar la ermita del Bendito Cristo de la Vera Cruz, construida en el siglo dieciocho.
Ésta guarda una imagen que se ha ganado, entre los feligreses, la fama de conceder favores. Todos los años, el catorce de septiembre organizan una procesión en agradecimiento a los deseos cumplidos. En ella, portan un palo en forma de cruz, que consta de veinticuatro huecos para colocar velas. La tradición manda colocar una por cada milagro concedido, y se dice que rara es la procesión en la que queda libre algún hueco.
Pronto comenzaremos a vislumbrar las primeras casas de Rabanal, donde además podemos encontrar una amplia oferta de servicios: hoteles, restaurantes, albergues…Todo este enclave está considerado Conjunto Histórico-Artístico.
Al principio de su calle Mayor localizamos la ermita de San José, edificada en el siglo dieciocho, y el Hospital de San Gregorio. Y en la parte alta del pueblo, la iglesia de Santa María, uno de los pocos ejemplos del románico-leonés que se pueden encontrar en esta zona. Este templo parroquial tiene su propia leyenda. Dicen los lugareños que cuando se acerca una tormenta al pueblo, tocan las campanas a Santa Bárbara y, así, logran que la localidad se salve de sus efectos.
También ofrece este pueblo historias del anecdotario popular, como que en una de sus casas, conocida por la “Casa de las Cuatro Esquinas” se hospedó el rey Felipe segundo, cuando realizó su peregrinación a Santiago. Sin embargo, esta visita no está demostrada, e incluso se cree que la vivienda fue construida dos siglos después del reinado del monarca.
No podemos olvidar, en nuestro recorrido por Rabanal, visitar el Monasterio de San Salvador de Irago. Junto a él, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo trece, cuya fachada está presidida por una talla de San Benito.

Continuamos nuestro andar hacia Rabanal del Camino. Una población elegida por los peregrinos, en otros tiempos, para agruparse antes de atravesar las cumbres del peligroso Monte Irago, donde se guarecían los bandidos. Tendremos que caminar casi siete kilómetros por una estrecha carretera, en la que no suele circular mucho tráfico.Podemos aprovechar y recrearnos en el paisaje que nos ofrece el Camino, un manto cubierto de encinas y robles, así como de abundante vegetación de ribera. Destaca, justo después de cruzar un pinar, un roble centenario, hoy conocido con el nombre de Roble del Peregrino, pues durante siglos ha servido como lugar de sombra y descanso. Próximo a él, podemos contemplar la ermita del Bendito Cristo de la Vera Cruz, construida en el siglo dieciocho.Ésta guarda una imagen que se ha ganado, entre los feligreses, la fama de conceder favores. Todos los años, el catorce de septiembre organizan una procesión en agradecimiento a los deseos cumplidos. En ella, portan un palo en forma de cruz, que consta de veinticuatro huecos para colocar velas. La tradición manda colocar una por cada milagro concedido, y se dice que rara es la procesión en la que queda libre algún hueco.Pronto comenzaremos a vislumbrar las primeras casas de Rabanal, donde además podemos encontrar una amplia oferta de servicios: hoteles, restaurantes, albergues…Todo este enclave está considerado Conjunto Histórico-Artístico.Al principio de su calle Mayor localizamos la ermita de San José, edificada en el siglo dieciocho, y el Hospital de San Gregorio. Y en la parte alta del pueblo, la iglesia de Santa María, uno de los pocos ejemplos del románico-leonés que se pueden encontrar en esta zona. Este templo parroquial tiene su propia leyenda. Dicen los lugareños que cuando se acerca una tormenta al pueblo, tocan las campanas a Santa Bárbara y, así, logran que la localidad se salve de sus efectos.También ofrece este pueblo historias del anecdotario popular, como que en una de sus casas, conocida por la “Casa de las Cuatro Esquinas” se hospedó el rey Felipe segundo, cuando realizó su peregrinación a Santiago. Sin embargo, esta visita no está demostrada, e incluso se cree que la vivienda fue construida dos siglos después del reinado del monarca.No podemos olvidar, en nuestro recorrido por Rabanal, visitar el Monasterio de San Salvador de Irago. Junto a él, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo trece, cuya fachada está presidida por una talla de San Benito.

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