La tradición de Santiago Matamoros está muy arraigada en la cultura medieval española. En los duros tiempos de la Reconquista, se le atribuyen numerosas apariciones en el campo de batalla, para ayudar en la victoria a los cristianos. Una de las más celebres es la de la batalla de Camposagrado, definida en unos versos populares tal como sigue.
“Fue tan brava aquella historia,
que sólo pudo contarla,
el bravo rumor del viento,
de una leyenda dorada”.
La primera vez, sin embargo, que Santiago se apareció a lomos de su caballo blanco, fue la víspera de la Batalla de Clavijo, una de las más célebres contiendas de la Reconquista.
La Ermita de Santiago erigida en Trobajo del Camino es la única superviviente de las cuatro que tenía la población. Situada junto a la carretera que lleva a Astorga, fue construida en mil setecientos setenta y siete, sobre una edificación existente desde la Edad Media. Se sabe que tuvo como anexo un hospital de Peregrinos, del que hay constancia desde el siglo dieciséis. El hospital estaba a cargo de la “Compañía de Santiago del lugar de Trobajo”.
La ermita se compone de un pequeña nave rectangular, coronada en lo alto por un campanil con una veleta. La espadaña está construida de tapial y ladrillo. En la fachada cuenta con una cruz de Santiago y una concha o venera de peregrino. En el interior del templo hay una escultura de Santiago Matamoros. Esta obra fue encargada a finales del siglo dieciocho por la cofradía de Santiago y alcanzó un coste de quinientos reales. Cada año, el veinticinco de Julio, la imagen es llevada en procesión por las calles del pueblo, rememorando los pasos del santo, espada en alto, ante los ejércitos cristianos.
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