Los maragatos, habitantes de toda esta comarca que nace en Astorga, mantienen aún hoy visibles muchos vestigios que nos hablan de la larga historia de este pueblo de arrieros. Su actividad fundamental ha sido, durante muchos siglos, la del mercadeo entre la costa cantábrica y el interior de Castilla.
Esta ocupación, que pasaba de padres a hijos, determinaba por completo la estructura de sus poblados y la arquitectura de sus hogares. Así, las calles principales de sus núcleos de población eran anchas y empedradas, para facilitar el paso de los carros. Sus casas, grandes construcciones de piedra y arcilla, tenían puertas de un tamaño suficiente para permitir la entrada de los carromatos al interior. Además, contaban con cuadras, pajar y un gran patio interior.
En estas casas tradicionales de la Maragatería, destacan los tonos rojizos, en fuerte contraste con los marcos y dinteles, siempre pintados de blanco. Para las puertas y las contras de las ventanas se prefería el verde. Ejemplos de estas construcciones las hay por toda la región, añadiéndose a la riqueza y particularidad de sus costumbres y sus ropas típicas, como legado de un pueblo fuertemente ligado a este territorio.

Los maragatos, habitantes de toda esta comarca que nace en Astorga, mantienen aún hoy visibles muchos vestigios que nos hablan de la larga historia de este pueblo de arrieros. Su actividad fundamental ha sido, durante muchos siglos, la del mercadeo entre la costa cantábrica y el interior de Castilla. Esta ocupación, que pasaba de padres a hijos, determinaba por completo la estructura de sus poblados y la arquitectura de sus hogares. Así, las calles principales de sus núcleos de población eran anchas y empedradas, para facilitar el paso de los carros. Sus casas, grandes construcciones de piedra y arcilla, tenían puertas de un tamaño suficiente para permitir la entrada de los carromatos al interior. Además, contaban con cuadras, pajar y un gran patio interior.En estas casas tradicionales de la Maragatería, destacan los tonos rojizos, en fuerte contraste con los marcos y dinteles, siempre pintados de blanco. Para las puertas y las contras de las ventanas se prefería el verde. Ejemplos de estas construcciones las hay por toda la región, añadiéndose a la riqueza y particularidad de sus costumbres y sus ropas típicas, como legado de un pueblo fuertemente ligado a este territorio.

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