En varias ocasiones a lo largo de nuestro recorrido por Astorga y sus aledaños, se ha hecho referencia a la importancia de esta villa en el entramado romano, como nudo de comunicaciones y núcleo de población cercano a las provechosas Médulas.
Para comprobar, con nuestros propios ojos, el valor de este territorio dentro del Imperio Romano, nada más que seguir la ruta que, a través de la ciudad, recorre su importante legado. El punto de partida son las evidencias del foso del campamento militar.
Los trazados de las calzadas, las vías de saneamiento de cloacas y las galerías ratifican el crecimiento experimentado para convertirse en una ciudad. El foro, que coincide en parte con la Plaza Mayor actual, era el centro de la ajetreada vida pública de Asturica Augusta. La sala conocida como el “Aedas Augusti” era una estancia privilegiada, un templo donde se practicaba el culto imperial. Uno de los elementos mejor conservados del foso es la “Ergástula”. Situado en su límite oriental, este gran pórtico abovedado ha generado grandes polémicas en torno a la finalidad de su construcción. Los restos de las Termas nos demuestran que no eran tan solo unos baños públicos, sino que además de lugares de ocio, servían para establecer nuevas relaciones, sellar acuerdos y trazar fructíferos pactos.
Las restantes paradas de la ruta romana, las murallas, la arquitectura civil, y la puerta de acceso, ayudan a entender la lógica de la distribución urbana de las ciudades del Imperio. Con espacios pensados para muy diversas actividades, muchos de sus rasgos más representativos permanecen en las ciudades que nosotros mismos habitamos.

En varias ocasiones a lo largo de nuestro recorrido por Astorga y sus aledaños, se ha hecho referencia a la importancia de esta villa en el entramado romano, como nudo de comunicaciones y núcleo de población cercano a las provechosas Médulas.Para comprobar, con nuestros propios ojos, el valor de este territorio dentro del Imperio Romano, nada más que seguir la ruta que, a través de la ciudad, recorre su importante legado. El punto de partida son las evidencias del foso del campamento militar. Los trazados de las calzadas, las vías de saneamiento de cloacas y las galerías ratifican el crecimiento experimentado para convertirse en una ciudad. El foro, que coincide en parte con la Plaza Mayor actual, era el centro de la ajetreada vida pública de Asturica Augusta. La sala conocida como el “Aedas Augusti” era una estancia privilegiada, un templo donde se practicaba el culto imperial. Uno de los elementos mejor conservados del foso es la “Ergástula”. Situado en su límite oriental, este gran pórtico abovedado ha generado grandes polémicas en torno a la finalidad de su construcción. Los restos de las Termas nos demuestran que no eran tan solo unos baños públicos, sino que además de lugares de ocio, servían para establecer nuevas relaciones, sellar acuerdos y trazar fructíferos pactos. Las restantes paradas de la ruta romana, las murallas, la arquitectura civil, y la puerta de acceso, ayudan a entender la lógica de la distribución urbana de las ciudades del Imperio. Con espacios pensados para muy diversas actividades, muchos de sus rasgos más representativos permanecen en las ciudades que nosotros mismos habitamos.

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