El suelo, la tierra, es lo que permanece. Los montes, los llanos y los valles son prácticamente los mismos desde que el ser humano pisa la superficie del planeta. Este camino que ahora se nos presenta, entre Santibáñez de Valdeiglesias y Astorga, es el mismo que recorrieron los maragatos, conocidos arrieros y mercaderes de origen incierto; idéntico al que seguían los astures, señores de estos terrenos antes de la llegada de los romanos; igual al que servía de guía a las tropas napoleónicas antes de la Guerra de la Independencia. Es el mismo que seguimos nosotros.Catorce kilómetros para alcanzar Astorga, de la que siempre veremos las agujas de su catedral, dejando atrás, ya definitivamente, el páramo leonés, antes de comenzar el ascenso hacia las tierras de El Bierzo. El casco histórico de este importante nudo de comunicaciones, en el que confluyen el Camino Francés y la Vía de la Plata, está situado sobre un cerro entre los ríos Jerga y Tuerto. Esta elevación del terreno, que sobresale apenas unos veinte metros sobre los alrededores, fue determinante a la hora de elegir ese punto, como lugar del asentamiento.Con Astorga esperándonos al final de la etapa, recorremos los últimos tramos completamente llanos del camino en la misma, avanzando aún entre terrenos de cultivo de regadío. Desde este punto hasta Santiago de Compostela, el Camino se acomoda sobre un perfil más ondulado, con continuas subidas y bajadas. Primero vendrán los Montes de León y luego los de Galicia, antes de alcanzar nuestro destino.Llegaremos, al cruzar las murallas de Astorga, al corazón de la Maragatería, comarca situada en el centro de la Provincia de León. Una villa con un pasado y un historia, tan rica como extensa. Civitas nacida en el siglo uno antes de cristo, llegó a ser el núcleo minero del Imperio Romano, debido a su cercanía a las Médulas. Desde entonces, momentos épicos y funestos, destrucciones a cargo de Almanzor y los ejércitos franceses, repoblada en varias ocasiones y con un periodo de esplendor nacido del Camino en el siglo once. En su término municipal llegaron a existir veinticinco hospitales de peregrinos, cifra sólo comparable a la de Burgos. Centro de una de las más importantes archidiócesis de la Península, nunca perdió su poder y relevancia en la edad media. Hoy en día, su brillante patrimonio artístico, con su catedral y el palacio episcopal como principales exponentes, sigue atrayendo a multitud de visitantes, tal y como lleva haciendo a lo largo de toda su historia.
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