La tranquilidad con la que hoy en día podemos afrontar el Camino, no tiene nada que ver con lo que podía suponer embarcarse en una aventura como ésta, en plena Edad Media. Los riesgos que tenían que afrontar los peregrinos iban desde el robo, el asalto, la dureza del clima, la peligrosidad de algunos tramos hasta el ser víctimas de ataques de tropas musulmanas. Las autoridades, civiles y eclesiásticas, han ido ayudando, a lo largo de los siglos a aumentar la seguridad de los viajeros.
Fernando segundo, a finales del siglo doce, optó por donar estos terrenos de Ponferrada a la orden de los Templarios, los caballeros pobres de Cristo. Estos aceptaron el encargo del rey y construyeron su castillo sobre un emplazamiento previo, en su origen un castro y después una ciudadela romana.
La primera fortificación está documentada en el año mil ciento ochenta y siete. En la edificación del Castillo, a base de mampostería y sillares, parece que los templarios querían dejar claro su compromiso con la región.
Situado sobre una pequeña colina, que domina la confluencia de los ríos Sil y Boeza, el Castillo de los Templarios de Ponferrada ha pasado a la historia como modelo de arquitectura militar. Con una superficie total de ocho mil metros cuadrados y un recinto poligonal con dobles y triples defensas, la obra configuraba un auténtico bastión defensivo, difícilmente comparable con otros de la región. Sin embargo, el castillo que hoy conocemos es el fruto de numerosos añadidos y reconstrucciones que realizaron, tras la disolución de la Orden, sus sucesivos propietarios, dándole así su aspecto actual.
En la doble muralla defensiva se alzaban diversas torres, como las de Cabrera, Malvecino y Malpica. El foso rodeaba toda la fortaleza, con un único paso a través del puente levadizo. En el interior, la robusta torre del Homenaje, que conserva una inscripción en latín, es de base cuadrada y alcanza los veinticuatro metros de altura. El palacio, o casa grande, tenía carácter de residencia. Con más puertas y ventanas que el resto de las construcciones, alojaba a los señores del Castillo, contando con varias dependencias que se mantienen en buen estado de conservación. En el gran patio bajo o albacar estaban las habitaciones de los monjes soldados.
Declarado Monumento Nacional Histórico Artístico en mil novecientos veinticuatro, resulta muy interesante caminar por su interior. Así podemos observar como el espacio que separa a la última línea defensiva de la doble muralla exterior, fue rellenado con escombros, creando un bonito mirador. Otro de los elementos interesantes es el pozo, que se utilizaba como aljibe para recoger el agua de la lluvia. Y así muchos otros detalles que dan muestra de la magnitud de la obra, tan grande como el legado de los templarios en la comarca.
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