Las mejores vistas del núcleo urbano de Molinaseca, se tienen desde el lugar donde está situado el Santuario de Nuestra Señora de las Angustias, a la entrada del pueblo, antes de cruzar el puente y pasar al otro margen del río.
Su origen está relacionado con una pequeña ermita del siglo once, situada en el mismo punto, pero su apariencia actual responde a una construcción de mil setecientos cinco. La obra presenta una planta de nave única, con pórticos de arcos de medio punto a ambos lados, una torre cuadrada con espadaña a los pies y un muro de contención en la cabecera, levantado posteriormente, para detener el avance de la montaña que estaba afectando a su estructura.
La nave longitudinal cuenta con bóveda de cañón, mientras que una gran cúpula con linterna cubre el crucero, habiendo desaparecido uno de los brazos laterales del transepto. Entre sus elementos más destacados, llaman la atención el majestuoso trono neoclásico que preside el templo y una voluminosa talla de la Piedad en madera de nogal.
Las puertas de madera del Santuario, ahora reforzadas con metal, tienen las cicatrices de una bonita historia de esperanza e ilusión. La costumbre dictaba a los peregrinos que debían arrancar lajas o pedazos de la madera de la que están fabricadas para conseguir protección en su camino.
Esta tradición habría nacido de otro paso multitudinario, el que los segadores gallegos hacían Edad Media, en sentido inverso. Cuando iban rumbo a Castilla, probaban el filo de sus hoces en éstas puertas, pidiéndole a la virgen que las mantuviera fuertes y afiladas durante toda la temporada. A su regreso, arrojaban sus hoces, como muestra de agradecimiento, a los pies de la Virgen por la rejilla del portón. De ahí surgió la tradición de hacerse con un pequeño pedazo de la madera la puerta del Santuario. Sin embargo, han sido tantos los peregrinos que han seguido esta costumbre, que la carpintería ha estado al borde que desaparecer. Por ello, se ha reforzado con unas planchas metálicas que le permitan resistir y eviten que los peregrinos puedan continuar con la costumbre hasta herirla de muerte.
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