En la comarca del Bierzo, Cacabelos se alza como una importante localidad del Camino, que cuenta con una importante oferta cultural y gastronómica. Alrededor de cinco mil quinientos habitantes viven en el municipio, al que pertenecen otros cinco núcleos poblacionales. Entre ellos se encuentra Pieros, localidad por la que pasaremos antes de llegar a Villafranca del Bierzo.
Se trata de la capital vinícola de la comarca, la cuna de la Denominación de Origen Bierzo. Y es que sus caldos llenan aquí un buen número de bodegas. Entre las posibilidades gastronómicas que nos ofrece destaca el botillo, cuya tradición surge del total aprovechamiento del cerdo tras la matanza. Y como no todo va a ser comer y beber, cuenta también con un museo etnográfico de inauguración reciente, en el que se muestra parte del patrimonio, celta y romano, de la villa.
Rodeado por la cordillera Cantábrica, la sierra de los Ancares y los montes Aquilanos, Cacabelos se encuentra inmerso en un fabuloso paisaje. Su clima benigno, permite el crecimiento de frutales e incluso de la planta del tabaco y, como no, de la uva mencía autóctona con la que se elaboran la mayoría de los vinos de denominación de origen Bierzo. La agricultura tradicional a tiempo parcial de las tierras de las zonas más altas contrastan con los cultivos modernos de regadío de la zona baja. Es también una buena zona de castaña, un producto que en la comarca aporta una gran importancia socioeconómica.
Con su suerte ligada al negocio del vino, Cacabelos sufrió, tras la plaga de filoxera que acabó con la mayoría de los viñedos a finales del siglo diecinueve, una fuerte recesión, así como un cierto descenso demográfico. La posterior recuperación de las vides, inversamente, permitió que se abrieran nuevas e importantes bodegas y, con ello, surgieron los servicios con los que la villa cuenta hoy en día: centro de salud, residencia de la tercera edad, piscinas, parques y plazas.
En cuanto a los negocios tradicionales, el zapatero del taller de Moreira, cercano a la ermita de San Roque, sigue encargándose, tras más de treinta años, de reparar el calzado de los peregrinos.
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