En pleno centro de Cacabelos, al final de la peatonal calle de Santa María, la más importante y monumental de la villa, se alza la ermita de San Roque, erigida sobre la originaria de la Vera Cruz a finales del siglo dieciséis.
Fue concretamente un noble local, el cacabelense Mateo Chicarro, quien se responsabilizaría de las obras de reconstrucción de este primitivo templo en mil quinientos noventa. Nueve años después, y tras una fuerte epidemia de peste que asolaría la zona durante varios años, el santuario estrenaría su nombre actual, pasando a venerar a San Roque, santo protector de dicha enfermedad.
A lo largo de su historia, esta modesta ermita sufriría nuevas reformas, la última conocida a finales del siglo dieciocho.
La imagen con la que ha llegado a nuestros días es la de un templo sobrio. Presenta una única nave de planta rectangular con cubierta a dos aguas de pizarra, así como cabecera de planta cuadrada, con cubierta, igualmente de pizarra pero, en este caso, a cuatro aguas. La edificación se levantó en mampostería, con refuerzos de sillería en las esquinas de la nave y en los remarques de puertas y ventanas. Del conjunto sobresale una sencilla espadaña, de un sólo vano, en la fachada que custodia los pies del templo, ornamentada con pináculos piramidales y rematados en bola.
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Comentario por Cade — 28 Octubre, 2011 @ 14:11
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Comentario por zzwgwtxq — 29 Octubre, 2011 @ 11:54