Al final de la calle de Santa María se yergue la iglesia de su mismo nombre. De la edificación consagrada por el obispo de Santiago, Diego de Gelmírez, que intercedió para su construcción, sólo queda hoy día el ábside románico. Y es que en el siglo dieciséis ya se encontraba reedificada en casi su totalidad. En mil novecientos cuatro se añadió también una torre neorrománica, que sobresale en el exterior junto al ábside románico y una imagen pétrea de la Virgen del siglo trece.
Si accedemos a su interior, podremos observar una capilla románica, un Cristo del siglo trece y las tallas de la Virgen de la Asunción, de la escuela de Gregorio Fernández, así como la de San Isidro labrador, ambas del siglo doce.
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