Dejamos los tramos urbanos para vislumbrar la riqueza natural del Bierzo, donde los ecosistemas perviven salpicados de aprovechamientos humanos tradicionales. La cercanía a la sierra de los Ancares significa que estamos ante una zona en la que se unen dos grandes bloques bioclimáticos, el eurosiberiano y el mediterráneo. El primero, marcado por las lluvias atlánticas, trae el verdor de los robledales, abedules y acebos, que toman el relevo del clima más seco del mediterráneo, con sus encinas y alcornoques, conviviendo ambos en esta zona y dotándola de la biodiversidad única de estas tierras. De igual forma, las diferencias entre el alto y el bajo Bierzo son apreciables en el discurrir del Camino, que transforma la agricultura tradicional de las zonas de montaña en los cultivos modernos de las suaves colinas.
En las zonas de ribera, de clima más mediterráneo, los alcornocales se aprovechan para la obtención de corcho, y crecen junto a los encinares bordeando los ríos cristalinos. Los arboles centenarios, testigos de la lucha por la supervivencia de los bercianos a lo largo de los siglos, constituyen verdaderos monumentos naturales, que aquí se pueden admirar, percibiendo la esencia y el legado histórico y natural que todavía se puede sentir en este paraje del Camino.

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