El monasterio de Carracedo se encuentra a tres kilómetros del centro de Cacabelos y constituye un importante monumento que no conviene perderse. El monasterio fue erigido por Bermudo segundo en el siglo diez, pero los musulmanes no tardarían en convertirlo en ruinas. Doña Sancha decide remodelarlo dos años después, para ser convertido en la vivienda de verano de su hermano Alfonso séptimo y su esposa. Posteriormente se adscribiría a la orden del Císter y, dado el trato preferencial que el edificio seguía recibiendo de la Corona, se convertiría pronto en un monasterio de gran influencia social y cultural. Constituyó también un referente a la hora de articular una parte importante de la comarca en lo tocante a las repoblaciones y a la explotación de la tierra.
El conjunto está formado por una abadía y un palacio real. La primera, como decíamos, fue fundada en el siglo diez aunque ha sido objeto de diversas reformas con el paso de los siglos. En la actualidad, tras la Desamortización, se encuentra exclaustrada y es propiedad de la Diputación Provincial de León. Los diferentes estilos arquitectónicos se reflejan en todo el conjunto, y así podemos apreciar la huella del románico, el cisterciense y el protogótico, de los siglos doce y trece.
El templo original, románico, constaba de tres naves y una triple cabecera absidial. Poco se conserva de esa edificación, ya que fue demolida casi por completo en el siglo dieciocho, momento en que se erigió una iglesia nueva, de estilo neoclásico y una nave. Los vestigios del primer edificio se pueden apreciar en la fachada meridional, así como en los pies de la occidental, donde también podremos apreciar un óculo y dos columnas que simbolizan a Alfonso séptimo y el Abad Florencio. Éstas sostienen un tímpano en el que figura un Pantocrátor en mandorla.
En esta misma fachada se encuentra, además, la capilla funeraria que alberga los restos de la familia García Rodríguez de Valcárcel, del siglo trece, que convierte a esta abadía en el primer panteón propiamente dicho de la historia de España.
Al sur del monasterio se levanta el claustro, reconstruido en el siglo dieciséis, construido con bóvedas de terceletes de ladrillo. A su alrededor se distribuían la sacristía, la sala capitular, de portada románica, cubierta abovedada tardogótica y paredes repletas de hornacinas sepulcrales, el locutorio y un acceso a la huerta, también abovedado.
En el palacio destaca la “Cocina de la reina”, un mirador de hermosos arcos ojivales, que posee una bella fachada dotada de escalinata.
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