A la salida del pueblo, al pasar el puente mayor y el de los molinos, nos encontramos con el Santuario de las Angustias, también llamado de la Quinta Angustia. Se trata de un templo del siglo dieciocho.
Levantado en planta de cruz latina, en el punto donde el transepto se cruza con la nave longitudinal, se eleva el cuerpo del crucero, de base poligonal rematado en linterna, con una veleta sobre ella. La cabecera se forma con un ábside de testero plano con capillas adosadas a ambos lados.
El acceso al templo se realiza por la fachada oeste, a los pies del mismo, construida en sillería, al contrario que los muros del resto de la edificación, de mampostería, con un marcado corte neoclásico. La portada está realizada en arco de medio punto. Sobre ella, una hornacina alberga una imagen primitiva de la Piedad, con una vidriera tras ella. En el tímpano observamos los restos de lo que en su día fue un crismón. La fachada se encuentra dividida verticalmente por dinteles y frisos soportados por semicolumnas de ornamentación sencilla.
En todos los muros se abren pequeños vanos abocinados de estructura rectangular, siendo de mayor tamaño los que se sitúan a ambos lados del transepto. Todas las esquinas y salientes de la iglesia se encuentran adornados por pináculos rematados en bola.
En su interior, nos presenta variadas pinturas y retablos de la misma época. Entre ellas destaca la imagen de la Virgen de la Quinta Angustia, y el retablo mayor, con autoría de Miguel Nuñez y Juan de Solorzano. Muy especial es el pequeño relieve barroco del Niño Jesús, nada menos que jugando a las cartas con San Antonio.
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