El entorno de Villafranca es un excelente lugar para degustar los vinos del Bierzo, que cuentan con una tradición de más de dos mil años. Como muchos otros cultivos, el de la vid, en concreto el de la especie Vitis vinifera, fue introducido en la península por los romanos, procedente de la región del Cáucaso. El clima del Bierzo, suave en su zona baja, guarda el equilibrio perfecto entre la humedad de Galicia y la sequedad de Castilla, sin apreciarse normalmente cambios térmicos pronunciados que pudieran dañar las vides.
El vino es símbolo de la sangre de Cristo y necesario para la liturgia, por lo que el momento de la proliferación de los monasterios en la época medieval sería el de mayor expansión de los cultivos de la vid en el Bierzo. Además, fuera del rito, el vino constituía un alimento básico en la dieta de los monjes, cobrando así una gran importancia económica. Con el Camino de Santiago surgen aldeas y monasterios o creciendo con ellas el cultivo de la vid.
Actualmente son las cooperativas las que llevan a cabo la producción de vinos, regulados por la Denominación de Origen de los vinos del Bierzo. Los tipos de uva utilizados en estos caldos, son la mencía y garnacha tintorera para los tintos, y las variedades godello, doña blanca, palomino y malvasia para los blancos. Su comercialización ha ido en sorprendente progresión, desde el medio millón de botellas producidas en el año mil novecientos noventa, hasta las más de siete millones generadas en el año dos mil ocho.

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