Dejamos atrás Vega de Valcarce para encaminarnos hacia la localidad de Ruitelán, a tan solo dos kilómetros. En lo alto de esta localidad destaca la Capilla de San Froilán, el sabio eremita gallego que se retiró a una cueva y al cual quedaría ligada por siempre este lugar.
Otros dos kilómetros separan Ruitelán del pueblo de Herrerías, la última aldea de la agradable vega y, por tanto, el punto en el que comienza la zona más empinada del camino, la verdadera y dura subida a O Cebreiro.
Se trata de un tramo similar al que nos condujo a Vega de Valcarce, que transcurre por la misma carretera. En Ruitelán aguarda también la iglesia de san Juan Bautista, datada en el siglo quince. Por otra parte, Herrerías hace honor a su nombre al conservar un caserío donde se llevaba a cabo la fundición de los metales procedentes de las minas de la zona. El barrio del Hospital, a la salida del pueblo, nos recuerda también su historia,  al presentarnos la casa de peregrinos que fue financiada por la dinastía Plantagenet, a la que pertenecía el propio Ricardo Corazón de León.
La quietud de estos parajes se hace cada vez más honda, preparando el espíritu del peregrino al viaje interior, al milagro de O Cebreiro, a la leyenda del Santo Grial hecha gallega.

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