El estrecho valle en el que nos adentramos, nos guíará a Vega de Valcarce, a siete kilómetros de distancia, pasando por las localidades de Portela y Ambasmestas. Hasta Portela podremos seguir las pistas de la antigua Nacional seis. Una vez atravesado este pueblo, seguiremos hacia Ambasmestas por una carretera comarcal que resulta aún menos transitada que la vieja nacional. Los bosques de roble comienzan a tener más protagonismo al tiempo que el camino toma algo más de pendiente. La confluencia de los ríos Balboa y Valcarce da nombre a esta localidad, Ambasmestas, que significa “donde se juntan las aguas”.  Se trata de un un pequeño pueblo al abrigo de los árboles centenarios donde es una delicia refrescarse en los días de verano. Cuenta con una playa fluvial, al verdor de estas tierras. Un chapuzón es una opción para recuperar fuerzas, descansar un rato, y afrontar de nuevo la subida.
Ambasmestas es un pueblo de cuarenta y cuatro habitantes, que cuenta con una iglesia parroquial dedicada a San Pedro. En ella se guarda un retablo churrigueresco, variante del estilo barroco que presenta mayor ornamentación. En el pueblo podremos ver también los restos de la calzada romana, utilizada por los peregrinos durante siglos. A dos kilómetros y medio de este  núcleo se encuentra Vega de Valcarce, el pueblo más grande del municipio.
Esta encajonada vereda a la que nos enfrentamos era el escenario perfecto para que los bandidos tendiesen emboscadas a los peregrinos. Pero no eran los únicos que se aprovechaban, ya que los señores también hacían botín con quienes por aquí pasaran, haciéndoles pagar el portazgo. Este era un peaje que se había de abonar para continuar el camino hacia O Cebreiro.

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