El valor de la arquitectura de Triacastela no se mide sólo por la presencia de sus edificios religiosos. En su núcleo urbano existen destacados ejemplos de la calidad que alcanzaron sus construcciones civiles.
En los alrededores de la iglesia tenemos importantes muestras, como el grupo de casas que nacieron en los bordes de la plaza. Inmuebles destinados a fines diversos, como mesones o refugios, englobados dentro de la tipología habitual de las construcciones surgidas en torno al Camino. Sus balcones y fábricas de losa, nos hablan de una adaptación a un entorno mucho más urbano. El Mesón da Ponte, que albergó una herrería en otros tiempos, está levantado sobre una planta cuadrada, con dos alturas, destacando su torreón, que posee dos accesos en forma de arcos de medio punto.
Entre las casas destinadas a uso particular hay dos, en especial, que recogen el gusto dominante en la arquitectura civil del municipio. Construida en un solar en esquina, muy cercano a la iglesia, llama la atención una vivienda modernista, con una más que interesante solución achaflanada en la puerta de entrada, sobre la que se coloca una galería de casi cuarto de círculo. La segunda residencia es otro modelo, aún más bello si cabe, del mismo estilo, eregida sobre una planta cuadrada, con cubierta a cuatro aguas, buhardillas tradicionales, y un único remate en pináculo. Sus fachadas son de composición simétrica: la principal, con acceso mediante escalera imperial, y balcones en la planta alta; la sur, con una galería muy trabajada.
Todos estos casos reflejan, a pesar del deterioro evidente de alguno de ellos, la importancia de este municipio, y el desarrollo económico experimentado por el mismo, debido a la actividad generada por el paso del Camino.
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