María Jus me libre de aquí, amen.

María Jus me libre de aquí, amen.

María Jus me libre de aquí, amen.

Esta era la cantinela, en castellano antiguo, que repetían los presos de la Cárcel de peregrinos de Triacastela. Esa misma frase, junto con otras en francés, se puede leer entre los restos de las pintadas sobre las paredes, y los grabados en las puertas de las celdas. De igual modo, resultan muy reveladores, también, los dibujos de gallos, el símbolo de la libertad en Francia. Por lo que se puede comprobar, el Camino atraía a algo más que a romeros.

Situada en los sótanos del antiguo ayuntamiento, los últimos vestigios de la cárcel forman parte de un edificio totalmente reformado. Las robustas puertas, de gruesas tablas de castaño, servían de entrada tanto a la casa consistorial como a la zona de calabozos.

De la vieja prisión se conservan dos habitaciones. Una de ellas mantiene la misma puerta y los mismos barrotes de aquellos tiempos. De su solidez da fe el hecho de que seguía funcionando como celda local hasta hace poco tiempo. Es en esa antigua puerta donde mejor pueden verse los suplicantes grabados y dibujos de los presos. Para pedir ayuda a las alturas, tanto valía una iglesia, una ermita, como un oscuro calabozo.

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