El Codex Calixtinus, esa primera guía de viaje del Camino, con consejos, detalles de los tramos, así como de las obras de arte y las costumbres locales de las gentes que vivían a lo largo de la ruta, tiene su edición fechada en el siglo doce. En ese antiguo manuscrito, conservado en la propia Catedral de Santiago de Compostela, ya aparecía citado el paso del Camino por el término de Triacastela, del que forma parte Viduedo. De hecho, desde los primeros datos que documentan la consolidación de la vía de peregrinaje, Triacastela ya aparecía como final de la etapa que comenzaba en Villafranca.
Se dice que el primer peregrino en acudir a postrarse a los pies del sepulcro del Apóstol fue el obispo francés Godescalco de Puy. Según los datos históricos, el prelado habría llegado a Santiago en el año novecientos cincuenta, inaugurando así uno de los fenómenos sociales y espirituales de toda la historia de Europa. Desde aquel primer día, Triacastela formó parte de las localidades alumbradas y desarrolladas al calor del Camino.
Viduedo, como parte del municipio de Triacastela, puede considerarse, también, uno de los enclaves más relacionados con el paso de la ruta jacobea. Su topónimo está relacionado con la abundante presencia de “bidueiros”. Estos árboles, de la familia de las betuláceas, crecen en zonas húmedas y poseen una madera dura y resistente, muy apreciada por los “zoqueiros”. Éste era el nombre que recibía el gremio de los artesanos dedicados a la fabricación de zocos, en gallego, o zuecos, en castellano. Un calzado de madera, por otro lado, habitual en zonas de montaña.
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