El trayecto que une Viduedo con el punto final de la etapa, Triacastela, pasa, en sus últimos kilómetros, por tres núcleos de población: Filloval, As Pasantes, y Ramil. Todos ellos con rasgos compartidos, como poblaciones entre los veinte y treinta vecinos, y diferenciadores.
El primero, Filloval, se encuentra pasado el Monte Torricela, topónimo que alude a la antigua presencia de una torre de vigilancia. El origen del pueblo está unido, además de a la presencia del Camino, a la Casa de Samos, vivienda vinculada al monasterio del mismo nombre, que tenía la obligación de atender a los peregrinos.
La tradición dice que en esta localidad se debe recoger una pequeña piedra y llevarla hasta Santiago. Una práctica que fue habitual, durante siglos, entre los romeros, y que estaba ligada al transporte de piedras calizas de la zona hasta los hornos en los que se trabajaban los materiales empleados en la construcción de la Catedral Compostelana. En Filloval encontramos una clara muestra de la edificación tradicional del lugar. Casas de planta cuadrada, con muros de mampostería vista y esquistos, que mantienen una disposición de huecos regulares y cubierta a cuatro aguas, con una pequeña cumbrera de pizarra. Este tipo de arquitectura popular se mantiene en As Pasantes.
La localidad cuenta con una ermita, dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, y una capilla de pequeñas dimensiones, la de los Remedios. La primera de ellas está compuesta de una sola nave en esquisto pizarroso, con cubierta a dos aguas de lajas de pizarra, apoyada directamente sobre el muro.
De su arquitectura civil destaca la Casa de la Iglesia, organizada en torno a un patio con un gran portal de entrada. Su elemento más llamativo es la fachada suroeste, con sus tres arquerías ciegas de medio punto y la balconada corrida con balaustrada de madera. También es interesante el juego de cubiertas que cubren las distintas dependencias, reflejo del ingenio y la adaptación de este tipo de construcciones a la vida cotidiana de sus habitantes.
En Ramil, el núcleo más cercano a Triacastela, merece la pena visitar los restos del castro de Ramil o las casas de O’ Outeiro y As Teixoeiras, ambas del siglo dieciséis. También la Casa de la Tuya, edificio señorial del siglo dieciocho, incluido dentro de las propiedades del Monasterio de Samos, que se utilizaba para el cobro de diezmos y tributos.
Filloval, As Pasantes y Ramil, tres paradas, tres pausas, antes de la inminente llegada a Triacastela.
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