En la era digital en que vivimos, las cámaras se han convertido en un instrumento de uso masivo, y donde antes, en los tiempos del carrete, disponíamos de doce, veinticuatro o treinta y seis instantáneas, ahora el límite lo marca la capacidad de la memoria. El Camino ofrece puntos de sobra para dejar escasos los gigas de cualquier tarjeta. Momentos y enclaves míticos que piden a gritos una fotografía, tal y como hace el Monumento al Peregrino del Alto de San Roque.
Situado en el enclave más elevado del espectacular mirador, con la vista puesta en el horizonte, una estatua en bronce de un peregrino homenajea a los millones de ellos que han superado este alto. La figura está en pleno esfuerzo, apoyado en su bordón y con la mano izquierda sujetando su sombrero, dándonos una gráfica muestra de las dificultades que tenían que superar todos los que querían alcanzar la meta compostelana. En este punto, donde el propio patrono de los apestados, San Roque, tuvo erigida una ermita, tienen hoy todos los peregrinos un reconocimiento al empeño puesto en salvar cada obstáculo del Camino.
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