Galicia cuenta con cerca de cuatrocientas casas de turismo rural. Este dato sitúa la oferta en más de tres mil quinientas plazas, convirtiendo este sector en uno de los principales reclamos de la comunidad, junto con el turismo de playa y el gastronómico.

Biduedo y Triacastela han visto en el turismo rural una de las mejores formas de sacar partido a su rica historia y privilegiado entorno natural. Casas tradicionales, con su aspecto típico, pero que ofrecen, además del encanto de lo antiguo, todos los servicios del siglo veintiuno. Porque ya no se trata solamente de brindar descanso y un paisaje idílico, si no de proporcionar otras posibilidades, como la realización de talleres de pintura, grabado o telares. Actividades envueltas en un ambiente marcadamente distinto al de la ciudad.

Es una forma de acercarse a la naturaleza, en la que tienen cabida prácticas como el senderismo, montar a caballo o el parapente. Sí, el viejo sueño humano de poder volar, cuenta con un espacio ideal para su desarrollo en Triacastela.

Las condiciones del entorno son ideales para este deporte, tanto que ha llegado a ser escogido para la celebración de varios campeonatos importantes. Hay diversas zonas acotadas para el aterrizaje y el despegue, con la posibilidad de realizar cursos de iniciación y perfeccionamiento. Un aliciente más, de los muchos con los que cuenta el municipio.

La gastronomía no puede faltar en una oferta de turismo rural que se precie. Galicia, en su conjunto, tiene fama de territorio de buena comida, fundamentada en la extrema calidad de sus materias primas. En la costa, destacan el pescado y el marisco; en el interior, las carnes y verduras, y en Triacastela, el lacón con grelos.

Este plato es uno de los más representativos de la cocina tradicional gallega. De elaboración sencilla, se trata de un cocido a base de lacón de cerdo y grelos, a los que se suma, habitualmente, una generosa porción de chorizo.

El cerdo es el soporte de otros productos típicos de la comarca, como la morcilla, y la androlla o botelo. Éste es similar al botillo berciano, elaborado también con costillas de cerdo bien picadas, tocino y, en ocasiones, otras carnes del animal. La morcilla, realizada a base de sangre, manteca, grasa de cerdo, abundante cebolla, miga de pan e incluso productos como higos, piñones, patata o porciones de manzana. Buenos representantes, éstos, de las costumbres alimenticias de esta zona de montaña, pero que no llegan a disputar el trono que ocupa el lacón con grelos como plato estrella.

Sin Comentarios »

Aún no hay comentarios.

Suscripción RSS a los comentarios de esta entrada. TrackBack URL

Dejar un comentario



Logo: Xunta de Galicia.
Logo: Xacobeo 2010.
Logo: Fondo Europeo de Desenvolvemento Rexional. Unión Europea.