En un lugar cercano al monasterio de Samos se levanta esta curiosa ermita, la capilla del ciprés, también conocida como Capilla del Salvador. Declarada monumento nacional en mil novecientos cuarenta y cuatro, recibe su nombre coloquial por el árbol que crece pegado a uno de sus muros laterales.

Fue construida en el siglo nueve, en nave única, con mampostería de lajas de piedra, y ábside rectangular. La ermita se cubre a dos aguas, al exterior en pizarra, sobre estructura de madera. Los vanos de sus muros se abren de forma aleatoria, cuadrados o con arqueados, sin seguir una lógica. El acceso a la nave se realiza a través de una puerta adovelada, formando un arco de medio punto. Otro, el triunfal, en este caso de herradura, nos invita a visitar su interior. En él, un banco de piedra recorre todas las paredes.

Por sus reducidas dimensiones podría haber sido un templo de carácter devocional, o una pequeña ermita funeraria. Su importancia viene dada porque constituye el único resto prerrománico, con influencias mozárabes, de las construcciones medievales que formaban parte del monasterio. El ciprés que la acompaña no es menos relevante, con una antigüedad calculada en más de mil años.

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