A pocos metros de Calvor se presenta el Pazo de Perros.
La palabra pazo deriva del término latino “palatium”, y también está influenciada por la nomenclatura portuguesa paço, con la misma significación de palacio.
El origen de esta tipología parte de la suma de muchas otras anteriores: herencia de las villas romanas, de las edificaciones palaciegas defensivas de la época medieval, o de las villas del Renacimiento italiano, y los palacios barrocos de las cercanas construcciones portuguesas.
Los pazos son casas solariegas, de carácter señorial, ubicadas en zonas de campo. Siempre vinculados estrechamente a su entorno, contienen grandes fincas en las que se desarrollaban funciones de tipo agrícola. Antiguamente eran residencias ocupadas por los habitantes más relevantes de una comunidad, que mostraban, de esta manera, su situación social de privilegio.
Actualmente, el pazo de Perros es un lugar no visitable, pues es una propiedad privada que sigue manteniendo su uso original, el de vivienda.
Como curiosidad, cabe recordar que uno de los propietarios de la construcción fue la familia materna del Padre Sarmiento, conocido monje benedictino del siglo dieciocho.
El edificio es de formas sencillas y austeras, con una torre de mayor altura destacando sobre el resto del conjunto.
Se empleó mampostería de losa en todos los elementos, excepto en los contornos de los vanos o en la portada de acceso, donde se utilizaron sillares de granito.
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