El embalse de Belesar, creado a principios de los años sesenta, es obra de los ingenieros Luciano Yordi de Carricarte, encargado de levantar la presa, y Juan castañón de Mena, que proyectó el edificio de control de la central eléctrica.
Su construcción implicaba anegar por completo el pequeño pueblo de Portomarín. Resulta difícilmente comprensible entender esta decisión, más si cabe, cuando quince años antes Portomarín había sido declarado conjunto histórico artístico. Pero la necesidad de abastecer de energía a una central hidroeléctrica pesó más, y la villa de Portomarín quedó sumergida bajo sus aguas para siempre. Y con ella, fueron inundadas más de dos mil hectáreas de terreno fértil.
La capacidad actual del embalse es de más de seiscientos cincuenta hectómetros cúbicos y tiene una cola de casi cincuenta kilómetros
Actualmente, en torno a este embalse de Belesar, ha surgido un ecosistema propio de gran belleza. Sus paisajes de castaños, mimosas y pinares, entre los que viven gatos monteses o lagartos ocelados de casi un metro de longitud, arropan las aguas de este embalse, donde también habitan garzas reales y otras aves rapaces como el milano negro, el halcón peregrino o el cernícalo.
En el embalse de Belesar se pueden realizar diferentes actividades lúdicas, como paseos en catamarán, una buena forma de conocer y disfrutar de esta paraje natural.
No muy lejos de aquí se encuentra el río Loio que acaba desembocando en el Miño. Es un territorio natural de gran belleza, en él encontramos una variada flora que va, desde los bosques de roble de ribera, a grandes praderas, pasando por extensos viñedos, y numerosos animales salvajes, como los jabalíes o los corzos, escondidos entre la espesura de la maleza.
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