En la recta final de nuestro trayecto hacia Ferreiros, dejando ya atrás el pequeño núcleo de Morgade, se levanta una pequeña ermita, conocida como la ermita de Santa Mariña.

Construida en piedra, con grandes sillares bien labrados, no presenta decoración alguna, tan sólo una cruz en su parte más alta, de fabricación reciente.

Se accede al interior de la ermita por una sencilla puerta. Allí observaremos una imagen de Cristo, y lo que pudo ser una antigua pila bautismal. Sin embargo, lo curioso de la ermita de Santa Mariña, es la cantidad de cartas y escritos que se han ido apilando junto a la mencionada imagen.

Se ha convertido en costumbre que, muchos romeros, a su paso por este lugar, dejen sus anotaciones sobre las experiencias vividas en el Camino, sus peticiones, o cualquier otra historia que quieran contar.

Resulta desolador que, estas iniciativas nacidas de manera espontánea por los caminantes, hayan dado paso al estado de degradación en el que se encuentra esta ermita. La falta de cuidado de algunos, y el poco interés por conservar esta curiosa práctica del Camino, ha dejado el santuario como lo vemos actualmente.

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