Asentada hoy en el centro de la villa de Portomarín, la Iglesia de San Nicolás fue traída, piedra a piedra, desde el primitivo pueblo, hoy bajo el embalse.
Se trata de una construcción de gran contundencia que pertenece al románico tardío del siglo trece. Su aspecto de fortaleza viene dado por la función que desempeñó. Levantada por la Orden de San Juan, tenía bajo su control el puente que cruzaba el Miño y el cuidado de peregrinos.
De pie, frente a ella, resulta un edificio impactante.
La profusa decoración exterior contrasta con su sencillez en planta, de nave única rectangular, rematada en un ábside semicircular de menor altura. Cubierta con bóveda de cañón, el interior es sobrio y de formas simples, destacando las dos escaleras por las que se accede a las torres y al paseo de ronda, de gran utilidad para ejercer las funciones defensivas para las que fue concebida.
Su fachada principal tiene un enorme rosetón vidriado de más de cinco metros de diámetro, con doce óculos perimetrales a modo de reloj. El tímpano de la entrada es una maravillosa obra en la que parece haber estado muy presente la mano del Maestro Mateo.
Recuerda al Pórtico compostelano en la representación de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, en los arcos de medio punto de su fachada principal, y en el Cristo pantocrator del centro. Sus capiteles, con decoración vegetal y cabezas de aves, son también de una destacada calidad técnica.
En la fachada norte de la iglesia-fortaleza podemos apreciar un tímpano, profusamente decorado, con la escena de la Anunciación de la Virgen. A este relieve lo acompañan figuras de aves con cabezas humanas.
Existe otro acceso a la iglesia de San Nicolás por la puerta Surr, en esta ocasión, preside la entrada un obispo mitrado, acompañado por otros dos personajes que soportan un libro y el báculo.
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