Portomarín se extiende sobre una superficie de ciento quince kilómetros cuadrados que se divide en veinte parroquias. Cuenta con un total de unos dos mil habitantes que, en su mayoría, residen
en el centro urbano, o en las parroquias de San Pedro y San Nicolás.
La población conserva las características de las villas tradicionales gallegas, con calles asoportaladas en piedra y edificaciones de baja altura. El Pazo Conde da Maza es, hoy en día, la Casa Consistorial de la localidad. En este edificio, levantado en ladrillo, enmarcado en sillería y flanqueado por dos torres, se toman las decisiones que rigen el tranquilo ritmo de vida del municipio.
En cuanto a sus actividades, los portomiñenses tienen como principal ocupación la ganadería. El ganado vacuno prima sobre cerdos y ovejas, destinado a la producción cárnica y de derivados lácteos.
La agricultura es también una práctica habitual de los vecinos de Portomarín. Las tierras de cultivo representan en torno al quince por ciento de la superficie total del Ayuntamiento. El maíz, el trigo y la patata son los tres productos que más se cultivan en esta zona.
Además, no podemos dejar de hablar de la vid. Cuando el antiguo pueblo de Portomarín fue anegado por el embalse, dejó bajo las aguas las tierras más productivas. En ellas, ya se trabajaba en la plantación de viñedos para la elaboración de buenos vinos.
Hoy, nos encontramos en plena Ribeira Sacra lucense, gran zona fértil a orillas del Miño de la que se consiguen caldos muy reconocidos, constituyendo otro de los motores económicos de la comarca.
Por último, a pesar de ser un pueblo interior, la pesca tuvo en su día importancia, gracias a su proximidad con el río Miño. Aunque hoy ya no sea así, el río continúa siendo una fuente de ingresos, pues en él se desarrollan actividades relacionadas con el turismo verde que nos permiten disfrutar de este fantástico entorno natural.
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