Hay dos elementos que compiten por obtener el protagonismo dentro de todo el paisaje gallego: el hórreo y el crucero. En Lameiros, poco antes de la entrada a Ligonde tenemos uno de los cruceros más antiguos e, históricamente, más interesantes de todo el Camino Francés.

Los cruceros, denominados cruceiros en estas tierras, son reflejo de la devoción, unas piezas muy integradas en el paisaje y en la cultura popular del país. Es habitual encontrarlos dentro de los núcleos de población, en encrucijadas, cementerios, bordes de caminos y atrios. Su existencia viene a reflejar la constante presencia de lo mágico y sobrenatural en la vida tradicional del medio rural gallego.

El crucero de Lameiros fue construido en el año mil seiscientos setenta, tal y como puede comprobarse en el grabado que vemos a sus pies. Los cuatro lados de la base, con relieves de un martillo, clavos, espinas y calaveras, representan el calvario y la muerte de Jesús. En lo alto, en la cruz, los relieves representan, en cambio, la maternidad y la vida. Por un lado se puede contemplar la imagen de la Virgen con Jesús en sus brazos, del otro se puede observar a Cristo crucificado.

La imagen de este crucero es una de las más reproducidas del Camino. En numerosas guías de viaje, la fotografía de este famoso elemento es la escogida para ilustrar esta etapa que sale de Portomarín y finaliza en Palas de Rei.

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