Desde nuestra salida de Portomarín, hemos podido comprobar como la vegetación forestal predominante ha ido cambiando. Metro a metro, el eucalipto ha pasado a ser el señor de la tierra que pisamos. Una especie originaria de Australia, pero que ha encontrado en Galicia y sus condiciones medioambientales un lugar ideal para su desarrollo. Sin embargo, la historia de amor entre el eucalipto y Galicia no satisface a todo el mundo. De hecho su presencia en esta comunidad ha estado rodeada siempre de polémica.

El eucalipto no cuenta, en la comunidad gallega, con enemigos naturales. Eso ha permitido que este árbol se haya desarrollado de una forma espectacular en este territorio, siendo el protagonista de muchos planes de repoblación forestal. Pero no todo han sido alabanzas para él. Sus críticos le acusan de tener efectos desecantes, acidificantes, desmineralizadores y esterilizadores del suelo. Sin embargo, para la industria forestal, en especial para la de fabricación de celulosa, es el responsable de que puedan mirar al futuro con esperanza.

Las primeras semillas de eucaliptus globulus, tal es su nombre científico, llegaron a Galicia de la mano de Fray Rosendo Salvado, vecino de Tui, a la vuelta de un viaje a Australia, en mil ochoceintos sesenta. El árbol enseguida se hizo conocido como planta ornamental y por sus aplicaciones médicas. De todos modos, su gran eclosión vino con la dictadura franquista, que lo convirtió en la base de sus planes de repoblación intensiva. Fue así como se propagó por todo el noroeste de la península.

Las cifras hablan de estimaciones, en todo el noroeste peninsular, Galicia y Portugal principalmente, de más de dos millones de hectáreas de eucalipto. Un dato que pueda dar una idea de la relevancia que ha llegado a adquirir este árbol, de los que, en esta comunidad, existen algunos de los ejemplares más grandes de toda Europa.

La polémica en torno a esta especie vegetal también ha seguido creciendo. Hoy en día se llevan a cabo diversos estudios para valorar el alcance de sus posibles efectos nocivos sobre el ecosistema gallego, así como su incidencia en el incremento de los incendios. Lo que es una realidad, es que este árbol es ya parte fundamental tanto del paisaje como de la industria forestal gallega.

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