Castañeda es una pequeña localidad donde la tranquilidad y la paz son la tónica dominante. Está conformada por un pequeño núcleo de población, que no llega al medio centenar de habitantes. En los últimos años, han comenzado a surgir algunos negocios animados por el constante trasiego de peregrinos en su territorio, pero nada tiene que ver con la actividad que debió impulsar en tiempos pasados.
Era ésta una villa a la que no cesaban de llegar concheros, pues era un centro de servicios para los fieles a la ruta jacobea. En Castañeda estaban situados los hornos que transformaban la piedra caliza en cal, cuyo destino eran las obras de construcción de la Catedral de Santiago de Compostela.
Los peregrinos acostumbraban a transportar piedras calizas, desde las canteras de Triacastela, para depositarlas en los hornos de Castañeda, y así contribuir en su abastecimiento. Era su pequeño granito de arena en las tareas de levantamiento de la catedral compostelana. El transporte de estas rocas se entendía, entre los peregrinos, como un sacrificio suplementario ofrecido al Apóstol. Una costumbre que ha superado el paso de los años y se ha convertido en algo más que una tradición.
Para quienes entienden la ruta jacobea como un camino iniciático, el ofrecimiento de estos cantos supone un símbolo de los conocimientos adquiridos, de la famosa piedra filosofal.
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