En la parroquia de San Pedro de Pambre, en Palas de Rei, se alza el Castillo de Pambre, situado en un desmonte sobre el río del mismo nombre.

Ésta es una de las fortificaciones medievales mejor conservadas de Galicia, propiedad de Manuel Taboada, Conde de Borrajeiros. Fue construida en el siglo catorce por Gonzalo Ozores de Ulloa. Su valor histórico es notable, pues sus muros son de los pocos que permanecieron en pie tras la revuelta de los Irmandiños, ocurrida en el siglo quince. Se trata de la mejor muestra de arquitectura militar medieval que se mantiene en tierras gallegas.

Sus muros exteriores, de una trabajada sillería y con un espesor de dos metros, encierran el núcleo principal del castillo, de planta casi cuadrada, albergando un torreón en cada una de sus esquinas, y reservando la zona central para la torre del homenaje. El acceso al recinto se realiza atravesando una puerta con arco de medio punto, ornamentada con escaques de los Ulloa.

En el centro del fortín se encuentra la ya mencionada Torre del Homenaje, de planta cuadrada con once metros de lado. El volumen cuenta con tres cuerpos en altura. El primero de ellos es ciego y, el segundo se levanta unos cinco metros sobre el nivel del suelo. Se observan en él, algunos elementos que podrían haber posibilitado, en otros tiempos, una comunicación del mismo con la muralla, gracias a una puerta con arco apuntado, que poseía un escudo de armas de los Ulloa. Por último, en la tercera planta dos estrechos vanos verticales y uno un poco más amplio, con arco de medio punto. Todas las torres del conjunto están almenadas en voladizo, con remates en forma de punta o triángulo.

En el interior del recinto general se erige la capilla de San Pedro, de influencia románica, datada a finales del siglo doce, y que hoy sirve de establo.

Esta fortaleza fue, durante años, testigo directo de diversas pugnas. Primero entre Pedro primero y Enrique de Trastámara y, después, entre la nobleza y el arzobispo de Santiago, Don Alonso de Fonseca.

Su propiedad ha ido, a lo largo de los siglos, de mano en mano. Hasta mil cuatrocientos ochenta y cuatro perteneció a los Ulloa. Posteriormente, pasó a formar parte de los bienes de los condes de Monterrey. En mil ochocientos noventa y cinco, un vecino de Palas de Rei, de la familia Moreiras Blanco, se lo compraría al duque de Alba, conservándolo en propiedad hasta mil novecientos doce. Después, pasaría a pertenecer a Manuel Taboada Fernández, conde de Borrajeros, quien lo dejó en herencia a la orden de los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres, que ostenta su titularidad hoy en día.

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