A pesar del casi continuo sube y baja por el que nos movemos, el relieve de esta comarca es suave y poco accidentado. Evidentemente, las mediciones y percepciones de la geografía no se mueven en los mismos parámetros que las de los peregrinos. El desnivel de toda la región oscila entre los doscientos y los cuatrocientos cincuenta metros sobre el nivel del mar. Santa Irene, por ejemplo, se sitúa en una altitud de trescientos metros, mientras que las cotas más altas son las de castro de San Lourenzo do Pastor y el Monte de As Minas, con cuatrocientos doce y cuatrocientos cincuenta y dos metros, respectivamente.

El clima dominante es oceánico y húmedo, acentuado, en esta zona de Galicia, por la elevada pluviosidad. El ayuntamiento se ve dividido, en el norte, por el cauce del río Tambre, que surca el municipio en su busca del océano Atlántico, a donde irá a parar en la ría de Muros y Noia, formando un estuario antes de abrirse por completo al mar. Mucho antes, en las cercanías de Santa Irene, recibe, por su margen derecho, las aguas del río Mera, uno de sus principales afluentes.

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