El mayor aliciente para sacar adelante una larga y, en ocasiones, dura jornada de trabajo, es convertir ese mismo trabajo en una fiesta. En Galicia, una de las actividades agrícolas con un mayor componente festivo es la de la siega o “malla”.
Una tarea cansada, de horas, pero que contaba con la presencia de toda la familia, vecinos y amigos. Todos agrupados en torno a una actividad fundamental para mantener su estilo de vida. La reunión se celebraba bajo el sol, para llevar a cabo la separación de la paja del grano, paso previo al molido de este en el molino.
Esta antigua costumbre ha sido recuperada, en el ayuntamiento de O Pino, por la asociación cultural “Reviravolta” en el año dos mil tres. Desde entonces, cada doce meses, se realiza una jornada de recreación de la “malla”.
La “malla” se realiza en la “eira”, tras haber terminado la siega del cereal. Sentados en parejas, los malladores se sitúan el uno frente al otro. Cuando los de un lado bajan el “mallo”, un palo con piezas de hierro en la punta, los contrarios lo suben y viceversa. Así hasta haber completado el mallado del trigo, momento en el que se retira la paja y se arman los tradicionales “feixes” con ellos. El grano se recoge en cestos que se llevan a la “limpiadora”, la máquina encargada de retirar la cáscara y dejar el trigo limpio. Antiguamente, este último proceso se realizaba dejando caer el grano, repetidas veces, desde lo alto para que el viento se llevase las impurezas.
Mucho han cambiado los tiempos desde entonces, pero no tanto como para que, gracias a la actuación de los miembros de Reviravolta, la “malla” haya desaparecido por completo.
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