Estamos a diez kilómetros de Santiago de Compostela, dentro ya de su ayuntamiento, en el pueblo de Lavacolla. Su población, de algo menos de doscientos habitantes, pertenece a la parroquia de Sabugueira.

Lavacolla es conocido, además de por sel nombre del Aeropuerto Internacional, por ser parte de la última etapa del Camino de Santiago. Su topónimo, de hecho, nace de una antigua tradición peregrina. El ya varias veces citado Codex Calixtinus, nos una clara y gráfica explicación. Esta localidad aparecería nombrada como “Lavementula”, el lugar donde los peregrinos franceses que se dirigían a Santiago, y esto es cita textual de la obra, “se quitaban la ropa y, por amor al Apóstol, se lavaban no sólo sus partes, si no la suciedad de todo el cuerpo”. Revelador. De hecho, esta era una práctica habitual en los hospitales de peregrinos. La higiene nunca venía mal.

Los teóricos que han dado explicación al topónimo, identificaban este aseo más con un acto purificador, una forma de dejar cosas atrás antes de entrar en la Ciudad Santa. Fuera por motivos espirituales o sanitarios, la tradición quedó finalmente instaurada. Hoy en día, es frecuente que los peregrinos aprovechen el cauce del río para darse un último remojón antes de llegar a la capital compostelana.

El elemento patrimonial más importante de Lavacolla es su iglesia, construida en el año mil ochocientos cuarenta. El templo se asienta sobre una planta rectangular, y en su fachada el frontal es un triángulo en cuyo vértice se levanta la torre de la campana. Sobre la puerta tiene un tragaluz semicircular. Todo el conjunto se encuadra dentro de un estilo clasicista. A pocos metros de la iglesia, hay un crucero con tallas de Cristo sedente, que marca la dirección a seguir. Cada vez queda menos.

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