Un buen modo de hacer más llevaderos los kilómetros, es ir fijándose pequeños objetivos en la etapa. Punto intermedios que iremos alcanzando, así, con cada uno que dejemos atrás, más cerca estaremos de nuestro destino. Algo así como el adolescente que calma la ansiedad por la llegada de su enamorada, arrancando pétalos de margarita.

Estos hitos previos a nuestra última parada, podrían venir marcados por los núcleos rurales que nos iremos encontrando. San Antón será el primero, una pequeña aldea de once vecinos, algo más de un kilómetro después de Pedrouzo. Amenal, con una población de ochenta vecinos, con su castro y su gran robledal, el último que veremos en el Camino, será el segundo. Ya habremos cubierto tres kilómetros y medio.

El núcleo de arquitectura popular de San Paio, de treinta habitantes, todos ellos en casas construidas en torno a su capilla, marcará la mitad del tramo hasta el Monte do Gozo. La capilla de la que hablamos se erigió en honor a Santa Lucía, y se levantó en mampostería con planta rectangular. Lo más llamativo de este pequeño templo es su espadaña, de doble vano y frontón triangular, rematado en cruz.

Después llegará Lavacolla y, si el tiempo lo permite, el tradicional baño en su río. Villamaior, hogar de noventa vecinos, será uno de los últimos hitos a superar. Desde allí sólo quedará San Marcos, antes de alcanzar la cima del Monte do Gozo. Seis núcleos de población, seis pétalos de esa margarita que hay que deshojar en esta última etapa. Ya queda poco, adelante.

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