Dejamos atrás Frómista para tomar la llamada “autopista de los peregrinos”. Se trata de una vereda hecha específicamente para la ruta jacobea y, por tanto, por la que no nos encontraremos vehículos a motor. Un trayecto de tres kilómetros y ochocientos metros por esta vía nos llevará a Población de Campos.
Las inmensas llanuras de Castilla y su escasa vegetación son constantes durante estas jornadas. Según la época del año, los prados toman diferentes tonos. Los ocres apagados de los meses de verano se tornan verdes pálidos en invierno, permaneciendo así hasta el rebrote primaveral de los campos. El éxodo rural ha mermado muy considerablemente las poblaciones de estos pueblos. En la quietud de muchas noches, incluso dentro de las pequeñas localidades que cruzaremos, sólo se escuchará graznido lúgubre de la lechuza. Esta ave rapaz nocturna está muy presente en la zona. Mide unos treinta y cinco centímetros de longitud y cuenta con aproximadamente el doble de envergadura. Se distingue del búho por no poseer las plumas de la cabeza levantadas, simulando orejas.
Tras el monótono camino, pronto comienzan a aparecer las casas de adobe y ladrillo, que nos anuncian la localidad de Población de Campos, la cual atravesaremos por su vía principal, la calle del Real Camino Francés. Entre el patrimonio de esta villa aparece la iglesia de María Magdalena, de estilo barroco, y la ermita del Socorro, románica de transición.

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