Villalcázar de Sirga era una de las veintiocho encomiendas que poseían los Templarios en Castilla a comienzos del siglo catorce. Ya entrado el diecisiete se crea el título de Conde de Villalcázar de Sirga, puesto que más tarde pasaría a pertenecer al obispo de Palencia. De los Condes de esta localidad era el palacio que hoy es sede del Ayuntamiento, que data del siglo posterior. Desde el edificio, un pasadizo secreto permitía salir de incógnito hacia la iglesia. En esta época medieval, el pueblo contó también con varios hospitales del peregrinos.
La fantástica fortaleza de Santa María la Blanca es el poderoso vestigio del dominio del Temple. Por la riqueza escultórica de sus pórticos, esta maravilla del románico-ojival es conocida como la Capilla Sixtina de este arte. En el interior, la Virgen Blanca y sus milagros han sido fuente de inspiración de las Cantigas de Alfonso décimo. Sus muros albergan también las sepulturas del infante Don Felipe y su esposa, cuyo mausoleo es una de sus más valiosas joyas.
Había en el siglo catorce tres iglesias en la localidad, dedicadas a San Pedro, Santa Marta y San Cebrián, más dos dedicadas a Santa María. A parte de la iglesia parroquial, se conserva a las afueras del pueblo, por la ruta que bordea el río Ucieza, la ermita de Nuestra Señora del Río.

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